Makro bandera

¿Quiénes se atreverán a pasear por sus calles?

Bienvenidos a Makro, una ciudad solitaria olvidada al norte del mundo. Una isla en cuyas calles conviven la impunidad y el caos a partes iguales; la ley del Talión y su ojo por ojo, diente por diente…

Ya hace mucho que se perdió el control de la masificada ciudad extendida a lo largo de casi toda la isla. No hace tanto, el gobierno y los aún leales al mismo optaron por atrincherarse en La Cápita, último bastión del viejo imperio de la ley, abandonando a su suerte a la inmensa y desprotegida mayoría de la población para así salvaguardar el núcleo Industrial.

Todo empezó con la formación de la primera GOA (Grupo de Oposición Armada) pero, en el momento en que la guerra civil estalló, fueron cobrando fuerza mafias y grupos terroristas que se repartieron a golpe de sangre y fuego el anillo de barriadas conocido como “Periferia”. Secuestros, drogas y comercio de seres humanos son solo una ínfima parte de sus prácticas habituales.

Los más aventajados emigraron hace tiempo a sabiendas de que la ciudad, corrompida por el hedor de una anarquía sin miedo ni mesura, dejó de ser lugar seguro tras el bloqueo para con el resto del mundo. La delincuencia, lejos de ser la excepción que confirmaba la regla, ahora ha terminado por convertirse en vulgar rutina.

Hoy, Makro se ha encerrado en sí misma y nada se sabe de la Tercera Gran Guerra que el resto de países libra en el exterior. Las fuerzas del orden no son más que grupos de civiles armados patrullando las calles, así como informantes que aún mantienen sus funciones por radio, hablando constantemente de nuevas fosas comunes repartidas por toda la ciudad, cadáveres colgando de fachadas a modo de crueles advertencias, atentados con explosivos y hasta fugas masivas de las distintas prisiones de la gran ciudad.

Nada entra y nada sale de Makro. Su ley, tan simple y compleja como la propia naturaleza: “los poderosos viven y los débiles se adaptan o… mueren”.

Bienvenidos a Makro; bienvenidos a vuestro dulce, dulce hogar.